La trilogía de Aquasilva.
Bueeeeno, ya tocaba escribir un poquito en el blog. Y me he decidido por hacer la reseña de la trilogía de Aquasilva. Le tengo que dar la segunda lectura de rigor, y además hace ya un tiempo que la leí, así que saldrá como salga, pero en fin.
A lo que estamos. La trilogía de Aquasilva, escrita por el británico Anselm Audley, es una novela de fantasía (básicamente, aunque con toques más que evidentes de ciencia-ficción) Ambientada en el mundo llamado Aquasilva, de grandes dimensiones pero con muy poca tierra emergida, de modo que todo es prácticamente mar. La época podría equipararse más o menos con la edad pseudo-medieval ya habitual en este género, con la presencia de la magia y, eso sí, con una tecnología marina muy desarrollada.
La trilogía esta compuesta por Herejía, Inquisición y Cruzada. Los títulos más o menos se corresponderían con las tribulaciones del joven Cathan en su lucha contra la Iglesia del Dominio. Éste es único culto permitido, el culto al dios del fuego Ranthas, aunque subrepticiamente existen cultos a otros dioses. El resumen es un pelín spoiler, ojo.
En Herejía, Cathan, el hijo del conde de Lepidor, descubre una mina de hierro, muy apreciado en este mundo sin apenas tierra emergida. Al tener que cruzar medio hemisferio para dar la noticia a su padre, Cathan descubrirá sin proponérselo la verdad sobre el Dominio y sus planes para aumentar de manera definitiva su poder en el mundo. Por si fuera poco, él se convertirá en la pieza clave para evitar que el Dominio lleve a cabo sus planes.
En Inquisición Cathan es consciente de sus dotes para la magia. Aunque vuelve a casa dispuesto a no moverse de allí, las intrigas del Dominio ya han empezado y el hierro descubierto en Lepidor ha de ser trasladado. Cathan, Ravenna y Palatina se trasladan al Archipiélago, al otro lado del gigantesco planeta, y bastión de la resistencia contra la doctrina oficial. Aunque ya son herejes, puesto que han renegado del culto a Ranthas, tanto el Dominio como los herejes se convertirán en enemigos para ellos, y sólo sus cada vez más templadas artes mágicas les sacarán del apuro.
En Cruzada, el Dominio ha hecho grandes progresos a la hora de erradicar cualquier signo de herejía e imponer su propia ley por encima del poder político, a pesar de que Cathan, con un linaje más elevado de lo que su condición de hijo del conde de Lepidor hacía suponer, se ha convertido en una verdadera amenaza para los seguidores del Ranthas. El desenlace está cerca y Cathan habrá de decidir cuál es la mejor manera de terminar con todo, si el desgaste o el enfrentamiento directo.
Lo que más llama la atención, al menos a mi modo de ver, es Cathan. No es el típico héroe de los libros de fantasía, arrojado, valiente y tal, o quizás amargado, violento, maltratado por la vida pero de gran corazón (el otro gran tópico). Qué va. Ni de coña. Cathan pasa de todo, pero no por rebeldía, sino porque es un tío tímido y tranquilo al que le gusta la vida tranquila, sin complicaciones, estudiando el mar, su gran pasión. Sin embargo, el destino se empeña obstinadamente en darle todo el protagonismo posible, y hacer de él la pieza clave del destino de Aquasilva. Pero aun así, Cathan no se crece. Va a remolque, y muchas veces está en segundo plano, y no se crece demasiado ante la adversidad, porque si la adversidad es muy adversa, uno se acojona. Y a Cathan no le queda otro remedio que hacer de tripas corazón y tirar para adelante como sea, a trompicones. Y lo consigue. A mí me da la impresión de que es todo lo contrario de un héroe, o al menos se aleja bastante de los estándares.
Otro punto que me ha chocado es la tecnología. Hemos dicho más arriba que esto es fantasía, y desde luego no nos equivocamos. Sin embargo, llama la atención el hecho de que la tecnología esté tan desarrollada en algunos aspectos, a pesar de luchar con arcos y espadas. Nos vamos a encontrar con, aparte de barcos (no muchos, debido a lo violento de las tormentas, digo yo) con submarinos de varios tipos, con un sistema de comunicaciones que les permite hablar entre ellos. Además, hay una fuente de energía, el éter, que no sabemos muy bien qué es, pero que impulsa a los submarinos, ilumina las ciudades y la protege de la violencia de las tormentas mediante "campos". Esto choca bastante, resulta anacrónico, aunque Audley lo justifica diciendo que
"Bueno, hay dos detalles importantes en esto. El primero, que la alta tecnología está concentrada exclusivamente en el mar. Dado que se trata de un mundo acuático, la navegación de la máxima importancia, por lo que la tecnología se ha volcado en el mar antes que en cualquier otro aspecto. Pero el segundo detalle es que ellos aún están desarrollando estas tecnologías, tienen limitaciones. Una de las cosas que se explican en los libros es que estas tecnologías fueron creadas por gente que nunca reveló completamente su funcionamiento, de modo que casi nadie acaba de entenderlas del todo."
Aunque a mí no me termina de convencer, resulta, cuanto menos, novedoso.
A pesar de que a Audley se le ha llamado "el nuevo Tolkien", no lo es ni de coña. Es una buena trilogía, a mí me han gustado mucho, pero hay que tener en cuenta que empezó a escribirla con 17 años, y era lo primero que escribía. Tiene sus errores, comprensibles. Teniendo esto en cuenta, es muy significativo que haya llegado hasta donde está, así que es razonable pensar, e incluso estremecerse un poco, adónde llegará si sigue progresando y con un comienzo así. Así pues, recomendado. Léanlo con calma, porque el libro es bastante espeso y hay cantidad de tramas y enredos políticos, y hay que andarse con ojo, pero merece la pena.
Hala, que ya me canso. Otro día, más ¡Comentad, malditos! :p
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agente_naranja dijo
Hola,
Hum, leí la reseña hace ya una semana y recuerdo que me apunté los títulos.
Hoy he visto el segundo en la biblioteca. A ver si con suerte devuelven el primero a lo largo de la semana, y me lo leo. Que me ha gustado la reseña, tiene buena pinta.
Un besote
5 Octubre 2005 | 09:25 PM